domingo, 22 de septiembre de 2013

Noche uno: Carencia de experiencia. (22/09/2013)

Hace una semana que empecé el instituto y volví a encontrarme con un viejo enemigo con el que no había tenido que enfrentarme durante los meses de verano: el inicio de una conversación con una persona desconocida.
Algunas personas se reirán ante este "problema", otras pensarán que soy un "caso perdido" (seguramente aquellas que me conocen bien), y otras, simplemente, no le darán importancia y continuarán leyendo esta entrada como si nada.

Bueno.
Imaginad que salís al patio, os dirigís al grupito con el que soléis pasar esa agradable y revitalizante media hora de descanso y que, al llegar, os encontráis con un chico bastante grande, vestido completamente de negro, que parece estar escuchando música con unos cascos (o auriculares/audífonos, como queráis llamarlos) y que no suelta ni una palabra, sino que observa todo con gesto aparentemente sereno y que saluda con una leve inclinación de cabeza mientras te mira a los ojos directamente durante unos pocos segundos. 
Superficialmente parece un chico serio, callado, frío y que no gusta del contacto con los demás, pero que, interiormente, es como una hoguera (no, no quema), gustaría de poder sonreír, tener a alguien cercano en ese momento para abrazar o charlar, pero que por motivos de timidez y experiencias pasadas, o seguramente por la falta de las mismas, no sabe acercarse a alguien en un ambiente que no sea completamente formal. Una forma de tratar que, a pesar de lo anteriormente nombrado, sabe que no es la correcta o la más útil en ese caso.
Como bien habéis podido suponer... soy yo. Sin embargo, seguiré hablando de "él" porque lo conozco bastante y creo que es más ilustrativo hacerlo de esa manera.

¿Cómo creéis que se siente ese chico?

Confuso, algo dolorido porque quiere dejar de sentirse cohibido por sí mismo y, sobre todo, esperanzado con la idea de conseguir encontrar la manera de superar su timidez y de iniciar una conversación que pueda hacer que no tenga que volver a empujar la puerta con la misma fuerza porque sabe que, una vez abierta, e independientemente del grado de apertura de la misma, no necesita volver a coger ese impulso. Sería algo que iría de una manera más natural y tranquila.

Así se siente alguien que dentro de sí mismo guarda fuego, pero que, por motivos que otros desconocen, únicamente aparenta una capa de hielo.

(Aquí es cuando "él" se convierte en "yo".)

Sé que esto puede resultar algo extraño, pero no es más que un grito realizado con la voz de la palabra escrita con esperanza de que alguien lo lea, y me tienda una mano, o yo mismo sea capaz de superar los anteriores obstáculos nombrados y tomar ese impulso que necesito. Además de que es un grito que busca ayudar a quienes se sienten también así y no tienen una vía de escape como la que yo tengo: la escritura.

Eso sí. 
Ojalá todos los problemas que se nos presentan en la vida tuviesen una solución tan visible como esta, ¿verdad?

P.D: En este blog no hablaré únicamente de lo que acaece en mi vida, sino que compartiré curiosidades que he descubierto, lecciones que he aprendido, obras propias, etc. 
Creo que empezar conociendo es algo que puede ayudar a comprender muchas cosas. Sean de uno mismo o de otra persona (en este caso, yo).


Un cálido abrazo a todos y gracias por leerme.

Uriel

2 comentarios:

  1. el simple hecho de que fueras consiente de lo que hay a tu alrededor, es muestra de que no eres un tempano, la mirada, el pequeño asentimiento, son muestras de ello, es solo que lastimosamente las mayoría de las personas no da cuenta ah esos detalles.

    Te entiendo.

    Un gran abrazo.

    Tu amiga, Lily.

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  2. Bueno, yo supongo que a todos los que les gustan leer, tienen esta misma carencia(solo que unos en más grados que otros) yo por ejemplo hasta cierto punto la tengo, pero sufro más del miedo a estar sola y este miedo me impulsa a entablar una conversación con algún desconocido, de manera que al menos consiga tener un amiga(o)

    xoxo, J.L.

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