miércoles, 25 de septiembre de 2013

Noche cuatro: sobran explicaciones.

Es triste pensar que te gustaría abrazar a muchísimas personas y percatarte de que sólo una de cada cien te devolvería el gesto. La "gracia" final está en que esa persona nunca está cerca.
Casualmente siempre vive a más de 500 km y es difícil saltar la distancia por las posibilidades económicas y, quizás, familiares.

Esta noche mis ánimos están un poco por el suelo, por lo que creo que os escribiré, tal y como me salga, una pequeña historia. Está escrita sobre la marcha y hablo un poco sobre todo lo que acaece en mí hoy.

¿Estáis preparados?


La luna se hallaba oculta tras varias nubes que, por desgracia, no parecían tener más forma que la de un borrón que se realiza en un cuaderno.
Caminaba tranquilamente por el puente del Tinto mientras anotaba mentalmente algunos detalles sobre aquel lugar. Siempre lo utilizaba en alguna de mis fantasías espontáneas.
¿Qué menos que dedicarle un poco de atención y hacer una imagen fiel al real?

Suspiré cansado y me senté en un banco que hay al final de la parte superior.
El mar estaba tranquilo y el viento parecía triste.
¿Nunca nadie se había preguntado por qué aúlla de dolor?
Yo sí.
Y creo que tengo una respuesta: se siente solo.
Igual que yo.

Me abracé las rodillas y fijé mi vista en la orilla que había frente a esta.

— Si intento nadar seguro que acabo cansándome antes de tocar pie. Además de que puedo quedarme enganchado con cualquier cosa que pueda haber o que un barco no se percate de mi presencia y me golpee— susurré para mí.

<< ¿Acaso no quieres intentarlo?>> dijo una voz en mi cabeza.

Asentí, pero sabía que las posibilidades no eran claras.
Donde alguien veía dos opciones, yo tenía diez. 
Ver demasiado. ¿Sería ese mi problema?
Cuando miras un cuadro y eres capaz de ver cada patrón del mismo, ves el cuadro real, pero puede que instantes después empieces a creer ver más y más conexiones y acabes confundiendo todo.
Creo que ese es el problema de ver mucho.

Me encogí de pronto porque me pareció notar el roce de un dedo en el cuello.

<<¡Bah! Es imposible no escuchar a nadie en este teclado de madera que llamamos “puente.”>>

Noté cómo alguien se sentaba a mi lado. 

— ¿Sigues sin querer intentarlo?

Di un pequeño salto sobre mi asiento y, encogido, miré hacia mi derecha.
Una chica de cabello rubio, ojos verdes y piel pálida me miraba desde una esquina del banco con una sonrisa. Llevaba un vestido azul.

— ¿Có-có-cómo sabes que estaba pensando en eso?

Ella sonrió de nuevo y se me encogió el corazón como si alguien lo apretase con fuerza.

— Porque ya somos uno, ¿no? ¿Lo has olvidado?— preguntó mientras ladeaba la cabeza hacia un lado en un gesto de inocencia.

Me quedé pensando durante unos segundos y la recordé.

— ¡Ah…!— La señalé con el índice y se me atragantaron las palabras como si hubiese sido un ejército apresurado el que intentaba salir por mi garganta.

Asintió y volvió a sonreír.
Otra vez aquel dolor en el pecho.

Me encantaría abrazarla, pero era incapaz de acercarme y hacerlo. 
Me temblaban las rodillas, aunque por suerte estaba sentado.

Ella se acercó un poco y me abrazó.

— Tengo frío— comentó mirándome a los ojos.

<< A los ojos no, por favor...>> pensé alarmado, pero ya era demasiado tarde.

— Pequeña— le dije tras sentarla en mi regazo y hacer de mi cuerpo un escudo contra el frío—, te agradezco esto. 

— ¿Qué es “esto”?

Ahora sonreí yo.

— Hacer que mi corazón lata cálidamente, que sienta miedo, que tu sonrisa no tenga precio y que pueda sentirme como si estuviese vivo.

Me miró extrañada.

— ¿Acaso no estás vivo?

Negué y asentí antes de agregar:

— Únicamente cuando estoy contigo.

Apoyé mi barbilla y me concentré en darle todo el calor que mi cuerpo pudiese generar, pero no tardó mucho en romper el silencio.

— Entonces… ¿sigues pensando que es imposible?

Fin

P.D: Espero que os guste la historia y descubráis partes de mí y de vosotros mismos en ella.

Un cálido abrazo, pequeños.

Uriel

1 comentario:

  1. Gracias por darme parte de ti, gracias por hacerme parte de ti.

    un abrazo cálido, un susurro en el viento y un beso sutil.

    Tu amiga, Lily.

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