martes, 10 de diciembre de 2013

¡Noticia!

El muchacho, viendo que cada vez se acercaba más la hora, empezó a caminar hacia la esquina con pasos rápidos. Al llegar a la misma, se asomó poco a poco para evitar que pudiesen verle.


Hace ya varios meses que no paso por aquí.
Supongo que es porque han ocurrido algunas cosillas nuevas que, quizás con el tiempo, os contaré. Sin embargo, puedo decir que uno de los motivos por los que dejé de publicar en el blog fue ser víctima de plagio.
Una de mis obras (concretamente una poesía) fue robada. Y la identidad de su autor (yo), suplantada.

Mas, tras un tiempo pensando y sopesando opciones, he decidido que no voy a hacer que el blog  sea privado y tampoco voy a eliminarlo.
¿No sería eso como si me rindiese ante el primer achaque?
A mis ojos es así.

Eso sí.
Aún tardaré, o eso creo, en volver a colgar obras mías, por lo que, por el momento, hablaré sobre algunos temas, reseñaré libros, daré consejos sobre temas varios (sobre todo dentro del ámbito de la escritura) y me dejaré llevar en mis características noches (que son estas las que le dan el nombre al blog).

Nos leemos en breve.


Uriel

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Noche cuatro: sobran explicaciones.

Es triste pensar que te gustaría abrazar a muchísimas personas y percatarte de que sólo una de cada cien te devolvería el gesto. La "gracia" final está en que esa persona nunca está cerca.
Casualmente siempre vive a más de 500 km y es difícil saltar la distancia por las posibilidades económicas y, quizás, familiares.

Esta noche mis ánimos están un poco por el suelo, por lo que creo que os escribiré, tal y como me salga, una pequeña historia. Está escrita sobre la marcha y hablo un poco sobre todo lo que acaece en mí hoy.

¿Estáis preparados?


La luna se hallaba oculta tras varias nubes que, por desgracia, no parecían tener más forma que la de un borrón que se realiza en un cuaderno.
Caminaba tranquilamente por el puente del Tinto mientras anotaba mentalmente algunos detalles sobre aquel lugar. Siempre lo utilizaba en alguna de mis fantasías espontáneas.
¿Qué menos que dedicarle un poco de atención y hacer una imagen fiel al real?

Suspiré cansado y me senté en un banco que hay al final de la parte superior.
El mar estaba tranquilo y el viento parecía triste.
¿Nunca nadie se había preguntado por qué aúlla de dolor?
Yo sí.
Y creo que tengo una respuesta: se siente solo.
Igual que yo.

Me abracé las rodillas y fijé mi vista en la orilla que había frente a esta.

— Si intento nadar seguro que acabo cansándome antes de tocar pie. Además de que puedo quedarme enganchado con cualquier cosa que pueda haber o que un barco no se percate de mi presencia y me golpee— susurré para mí.

<< ¿Acaso no quieres intentarlo?>> dijo una voz en mi cabeza.

Asentí, pero sabía que las posibilidades no eran claras.
Donde alguien veía dos opciones, yo tenía diez. 
Ver demasiado. ¿Sería ese mi problema?
Cuando miras un cuadro y eres capaz de ver cada patrón del mismo, ves el cuadro real, pero puede que instantes después empieces a creer ver más y más conexiones y acabes confundiendo todo.
Creo que ese es el problema de ver mucho.

Me encogí de pronto porque me pareció notar el roce de un dedo en el cuello.

<<¡Bah! Es imposible no escuchar a nadie en este teclado de madera que llamamos “puente.”>>

Noté cómo alguien se sentaba a mi lado. 

— ¿Sigues sin querer intentarlo?

Di un pequeño salto sobre mi asiento y, encogido, miré hacia mi derecha.
Una chica de cabello rubio, ojos verdes y piel pálida me miraba desde una esquina del banco con una sonrisa. Llevaba un vestido azul.

— ¿Có-có-cómo sabes que estaba pensando en eso?

Ella sonrió de nuevo y se me encogió el corazón como si alguien lo apretase con fuerza.

— Porque ya somos uno, ¿no? ¿Lo has olvidado?— preguntó mientras ladeaba la cabeza hacia un lado en un gesto de inocencia.

Me quedé pensando durante unos segundos y la recordé.

— ¡Ah…!— La señalé con el índice y se me atragantaron las palabras como si hubiese sido un ejército apresurado el que intentaba salir por mi garganta.

Asintió y volvió a sonreír.
Otra vez aquel dolor en el pecho.

Me encantaría abrazarla, pero era incapaz de acercarme y hacerlo. 
Me temblaban las rodillas, aunque por suerte estaba sentado.

Ella se acercó un poco y me abrazó.

— Tengo frío— comentó mirándome a los ojos.

<< A los ojos no, por favor...>> pensé alarmado, pero ya era demasiado tarde.

— Pequeña— le dije tras sentarla en mi regazo y hacer de mi cuerpo un escudo contra el frío—, te agradezco esto. 

— ¿Qué es “esto”?

Ahora sonreí yo.

— Hacer que mi corazón lata cálidamente, que sienta miedo, que tu sonrisa no tenga precio y que pueda sentirme como si estuviese vivo.

Me miró extrañada.

— ¿Acaso no estás vivo?

Negué y asentí antes de agregar:

— Únicamente cuando estoy contigo.

Apoyé mi barbilla y me concentré en darle todo el calor que mi cuerpo pudiese generar, pero no tardó mucho en romper el silencio.

— Entonces… ¿sigues pensando que es imposible?

Fin

P.D: Espero que os guste la historia y descubráis partes de mí y de vosotros mismos en ella.

Un cálido abrazo, pequeños.

Uriel

martes, 24 de septiembre de 2013

Una de mis rimas favoritas (XXVIII) de Bécquer.

Cuando entre la sombra oscura 
perdida una voz murmura
turbando su triste calma, 
si en el fondo de mi alma 
la oigo dulce resonar, 
dime: ¿es que el viento en sus giros 
se queja, o que tus suspiros 
me hablan de amor al pasar? 

Cuando el sol en mi ventana 
rojo brilla la mañana 
y mi amor tu sombra evoca, 
si en mi boca de otra boca 
sentir creo la impresión, 
dime: ¿es que ciego deliro, 
o que un beso en un suspiro 
me envía tu corazón? 

Si en el luminoso día
y en la alta noche sombría; 
si en todo cuanto rodea 
al alma que te desea 
te creo sentir y ver, 
dime: ¿es que toco y respiro 
soñando, o que en un suspiro 
me das tu aliento a beber?

Noche tres: Ignorancia, costumbres y algunos datos.



"La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia." Amos Bronson Alcott


No soy capaz de quedarme contemplando cómo mi ignorancia va aumentando constantemente y sin poner de mi parte para evitarlo. Para mí es como si un brazo se me estuviese amoratando y me quedase mirándolo con parsimonia.
Extraño, la verdad.

Y es que hay algo que quienes me conocen saben que no puedo evitar: la búsqueda del saber.
Desde hace varios años hasta ahora ha ido convirtiéndose en una costumbre que todavía se mueve con la pasión de los primeros días. Quizás incluso más si tenemos en cuenta todo cuanto he aprendido.

Personalmente me chifla (o encanta, para aquellos que me lean desde otros países) informarme de cualquier tema. Sea este de la rama científica, de la lingüística o de la artística. Un ejemplo:

Hace unos meses estuve leyendo acerca de los agujeros negros y después vi el documental de "La paradoja de Hawking" (algo que recomiendo ver encarecidamente) del que os dejo una pequeña sinopsis aquí y un enlace para que le echéis un vistazo (venga, que no muerde):

"La Paradoja de Hawking analiza la personalidad de Stephen Hawkins, uno de los científicos más famosos del mundo que defendió durante más de 30 años su teoría sobre los agujeros negros para admitir que podría estar equivocado .

El documental acompaña a Hawking en su día a día durante un año mientras prepara su último trabajo científico que podría significar un regreso que encuentra opositores en el mundo de la ciencia y por la degeneración progresiva de su estado físico."

(Nota: Para ver el vídeo únicamente tenéis que hacer click sobre el nombre del documental que se cita en la sinopsis.)
Si preferís leer tenéis páginas como muyinteresante, donde toda la información está clasificada de una manera clara y concisa.
Yo, personalmente, prefiero una buena página donde abunden letras a los documentales. Llevo leyendo 16 años y tiro más hacia esa forma de aprender.


P.D: ¿Qué os gusta a vosotros?



Un abrazo libre de ignorancia, pequeños.
Uriel


lunes, 23 de septiembre de 2013

Noche dos: El colibrí.

“Quisieron tenerme allí encerrado, entre aquellas paredes de piedra, como un vulgar colibrí, pero nos olvidamos de algo: yo no era lo que ni ellos ni yo pensábamos.”

Muchos de nosotros pensamos que nuestro límite siempre está cerca, sin darnos cuenta de que no existen límites (si ignoramos los físicos como, por ejemplo, tener alas), sino baches.
Todos nosotros podemos escribir un libro, tener un cuerpo magnífico, una carrera (o varias), formar una familia, etc. Todo depende de lo que busquemos y nos haga felices al imaginar. 
Pero recuerda que no basta con imaginar. Hay que actuar.

Seguro que algunos pensaréis “¿Por qué viene este tío/muchacho/joven a darme la vara con algo obvio?”. Mi respuesta es porque, como dije unas líneas atrás, lo olvidamos.

¿Cuántas veces te has preguntado y has estado seguro de cuáles son tus virtudes?
Yo, durante casi 18 años, siempre tuve una búsqueda negativa. Buscaba errores y defectos, pero no virtudes.
Hoy, un año y pocos meses más tarde, puedo decir que los he encontrado y que, como todo, siguen cambiando y yo buscando.

Lo mejor es no tener reparo ninguno a la hora de hablar sobre ellas porque no estarías siendo arrogante (a menos que lo digas intentando sentirte superior o hacer quedar a los demás como necios o deficientes en “X” aspecto), sino sincero contigo mismo y con los demás. Lo que otros interpreten es cosa de ellos.

¿Que cuáles son las mías?

Mi mayor virtud es mi cerebro. Sin embargo, y como decía anteriormente, algunas veces no nos percatamos de lo que tenemos y no somos capaces de verlo hasta que ha pasado un tiempo.
Yo, antes de cumplir 18 años, pensaba que era casi deficiente intelectual o de inteligencia baja, pero… mira por dónde, la vida da muchas vueltas y descubrí (y afirmé el testimonio de una amiga) que no sólo no tenía déficit, sino que superaba ampliamente la media (hablando de CI para tomar una media).
¿He perdido muchos años académicos? Sí, pero he encontrado más de mí de lo que muchos paran a buscar.
¿Que me hubiese gustado aprender y descubrir esto antes? Por supuesto.

Dejando a un lado el tema de la inteligencia (dado que es un tema que me apasiona, pero que centrado en mí me provoca algo de controversia), también puedo decir que otra de mis cualidades también es (aunque a veces pueda ser una puñeta) la hipersensibilidad.
Supongo que ella (hablando como si fuese una persona) es la responsable de que sea supercariñoso y me encante obsequiar con gestos tiernos a las personas. Creo que, aunque es ambigua, la timidez puedo considerarla una virtud.
También es la culpable de algunos tropiezos y de que me haya vuelto cauto (quizás demasiado). 
Creo que no hace falta comentar nada más acerca de esta señorita y de cuál es el uso que le doy en mi vida diaria (pista: tinta, pluma y papel u ordenador).

Algo más que también puede ayudaros es aceptar los defectos, propios y/o ajenos, para saber valorarse correctamente y mejorar cada día.

Uno de mis mayores defectos es que confío rápidamente en alguien (ese “impulso” y mi cautela por la experiencia siempre están en eterno combate). 
Podemos añadir a la lista: timidez (dije que era ambigua), testarudez (aunque yo la llamaría “rebeldía” o “amante de la subjetividad”, pero bueno…) y varios “errores” más que tengo, que busco corregir y dejar en equilibrio.

Bueno, creo que, por esta noche, ya está.

P.D: Quizás os aburra un poco a algunos, pero quiero darme a conocer para que sepáis cómo soy, cómo me veo, de qué pie cojeo y de cuál no, etc. Busco que me sintáis cercano al leerme.
Eso de tener miles de seguidores, pero que el contacto sea frío y yermo… no es algo que me guste. Y menos cuando tengo la posibilidad de acercarme al escribir, ¿verdad?



Un abrazo lleno de olor a chimenea y cálidas llamas  para vosotros, pequeños.


Uriel

domingo, 22 de septiembre de 2013

Llantos en la noche.

(Nota: No creo que haga falta decir que todas y cada unas de las obras que subo aquí están registradas a mi nombre.)

Llantos en la noche,
luces artificiales cuelgan del cielo,
gotas de lluvia resbalan por tus mejillas,
y en tus labios,
en tus dulces labios,
se forma una laguna para el sediento.

He abierto los ojos en la noche,
he añorado el comienzo,
el presente se me antoja lejano,
el futuro... impreciso.

Sigue tu llanto en la lejanía,
un sollozo ininterrumpido,
la brisa mece su sonido,
tu voz resquebrajada,
tu latir apenado.

Cada paso se me antoja una danza,
cada movimiento una extensión.
Quisiera que mis pies no estuviesen helados,
que mis manos no sean granizo
ni mis labios un lago escarchado.

No lamentes nada,
no te hundas en el pasado,
cada instante del ayer es agua pasada,
cada comienzo es un nuevo amanecer.
Gotas de rocío brillan por tu piel.

Paso a paso,
de danza en danza,
he llegado hasta tu vera.

A mi espalda, un camino de hielo,
a tu alrededor, una manta de nieve,
en mis ojos... tu luz,
en tus ojos... la ceguera de lo anterior.

Mares de seda negra,
pues negra es mi alma y negra mi esencia,
mares de seda negra que se abren en el hoy.

Quizás mañana no sepa lo que ocurrirá,
pero, mientras me siento a tu espalda,
mientras mis brazos te rodean,
mientras mi sonrisa y mis alas te cubran...
no habrá que preocuparse de que vuelva a anochecer.


Noche uno: Carencia de experiencia. (22/09/2013)

Hace una semana que empecé el instituto y volví a encontrarme con un viejo enemigo con el que no había tenido que enfrentarme durante los meses de verano: el inicio de una conversación con una persona desconocida.
Algunas personas se reirán ante este "problema", otras pensarán que soy un "caso perdido" (seguramente aquellas que me conocen bien), y otras, simplemente, no le darán importancia y continuarán leyendo esta entrada como si nada.

Bueno.
Imaginad que salís al patio, os dirigís al grupito con el que soléis pasar esa agradable y revitalizante media hora de descanso y que, al llegar, os encontráis con un chico bastante grande, vestido completamente de negro, que parece estar escuchando música con unos cascos (o auriculares/audífonos, como queráis llamarlos) y que no suelta ni una palabra, sino que observa todo con gesto aparentemente sereno y que saluda con una leve inclinación de cabeza mientras te mira a los ojos directamente durante unos pocos segundos. 
Superficialmente parece un chico serio, callado, frío y que no gusta del contacto con los demás, pero que, interiormente, es como una hoguera (no, no quema), gustaría de poder sonreír, tener a alguien cercano en ese momento para abrazar o charlar, pero que por motivos de timidez y experiencias pasadas, o seguramente por la falta de las mismas, no sabe acercarse a alguien en un ambiente que no sea completamente formal. Una forma de tratar que, a pesar de lo anteriormente nombrado, sabe que no es la correcta o la más útil en ese caso.
Como bien habéis podido suponer... soy yo. Sin embargo, seguiré hablando de "él" porque lo conozco bastante y creo que es más ilustrativo hacerlo de esa manera.

¿Cómo creéis que se siente ese chico?

Confuso, algo dolorido porque quiere dejar de sentirse cohibido por sí mismo y, sobre todo, esperanzado con la idea de conseguir encontrar la manera de superar su timidez y de iniciar una conversación que pueda hacer que no tenga que volver a empujar la puerta con la misma fuerza porque sabe que, una vez abierta, e independientemente del grado de apertura de la misma, no necesita volver a coger ese impulso. Sería algo que iría de una manera más natural y tranquila.

Así se siente alguien que dentro de sí mismo guarda fuego, pero que, por motivos que otros desconocen, únicamente aparenta una capa de hielo.

(Aquí es cuando "él" se convierte en "yo".)

Sé que esto puede resultar algo extraño, pero no es más que un grito realizado con la voz de la palabra escrita con esperanza de que alguien lo lea, y me tienda una mano, o yo mismo sea capaz de superar los anteriores obstáculos nombrados y tomar ese impulso que necesito. Además de que es un grito que busca ayudar a quienes se sienten también así y no tienen una vía de escape como la que yo tengo: la escritura.

Eso sí. 
Ojalá todos los problemas que se nos presentan en la vida tuviesen una solución tan visible como esta, ¿verdad?

P.D: En este blog no hablaré únicamente de lo que acaece en mi vida, sino que compartiré curiosidades que he descubierto, lecciones que he aprendido, obras propias, etc. 
Creo que empezar conociendo es algo que puede ayudar a comprender muchas cosas. Sean de uno mismo o de otra persona (en este caso, yo).


Un cálido abrazo a todos y gracias por leerme.

Uriel

¿Quién soy?

Algunos de los que me leen saben perfectamente quién es la persona que está tras el seudónimo de Uriel, pero otros no tanto (por no decir que no tienen ni la más remota idea).
A esas personas que no me conocen son a las que me dirijo.

¿Qué me gusta?

- Leer y escribir.

Sólo con estas dos acciones podría pasarme días y días (por no decir “semanas”) tranquilamente sentado en el sofá o tumbado en mi cama. No digo “enteros” (aunque casi, casi) porque me encanta salir a pasear o hacer algo de deporte.

- La música.

¿Qué tipo de música?

Sobre todo me encanta la música instrumental de tono épico (véase “Hero´s journey” de Audiomachine), el heavy metal, el hard rock y la música clásica. Además de algunas canciones sueltas de otros géneros (exceptuando reggaeton, reggae, etc).

¿Tocas algún instrumento?

Desde hace poco más de un mes estoy aprendiendo a tocar el piano de manera autodidáctica.
No voy al ritmo que me gustaría llevar porque lo compagino con la escritura, la lectura y el deporte, pero, dentro de lo que cabe, son pasos en un largo camino.
Espero poder acelerar un poco en vacaciones.

- El deporte.

¿Te gusta algún deporte en especial?

Me gusta practicar cualquiera, pero, como casi todos, tengo alguno que me atrae más como, por ejemplo, la natación, el baloncesto y el ciclismo.

- Aprender autodidácticamente.

- Etc.


Lo demás voy a dejar que lo vayáis descubriendo poco a poco conforme este blog vaya evolucionando y vaya acumulando entradas.
Ya os contaré más sobre mí en el futuro. Aunque también podéis preguntar por comentarios y yo ir acumulando preguntas para nuevas entradas. 

Un cálido abrazo, pequeños.

Uriel